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Un retrato del Chocó de entonces

Por Julio César Uribe Hermocillo

@guarengue

Algunos de los integrantes de aquella generación admirable de chocoanos que, a partir de las décadas de 1920 y 1930, situaron al Chocó en el escenario político e intelectual del país, y trabajaron conjuntamente para construir un proyecto regional de dignidad y justicia social para su gente y su territorio. De izquierda a derecha, de arriba hacia abajo: Adán Arriaga Andrade, Aureliano Perea Aluma, Alfonso Meluk Salge, Daniel Valois Arce, Ramón Lozano Garcés, Delfino Díaz Ruiz, Eliseo Arango Ramos, Manuel Mosquera Garcés, Diego Luis Córdoba, Sergio Abadía Arango, Reinaldo Valencia Lozano, Armando y Dionisio Echeverry Ferrer.

El 30 de junio de 1934, la excursión científica de 21 estudiantes de cuarto año de ingeniería de la Escuela de Minas de Medellín, de la Universidad Nacional de Colombia, llegó a Istmina, a las seis y media de la tarde. “…No ha anochecido aún; antes de desembarcar damos un ¡viva! sincero al Chocó y a Istmina; esta es la tierra de nuestro buen compañero Moncho; en el desembarcadero nos esperan las autoridades del puerto y una gran multitud”; anota Delio Jaramillo, uno de los estudiantes, en sus “Instantáneas de viaje”, un diario que escribió con admirable dedicación y detalle en cada jornada de la excursión[1]. El buen compañero Moncho al que se refiere no es otro que Ramón Mosquera Rivas, que posteriormente se convertiría en uno de los grandes intelectuales y políticos chocoanos, y quien entonces formaba parte de la excursión como estudiante y en el curso de la misma -motivado por su profesor de Geología y director de la excursión, el geólogo alemán Robert Wokittel- decidiría que el Istmo de San Pablo, que Mosquera Rivas conoció en su niñez y juventud, y por el cual transitó la excursión, sería el tema de su tesis de grado, con la cual recibiría el título de Ingeniero civil y de minas un año después, en 1935.


Cinco informes académicos de la excursión, presentados por los estudiantes, se sumaron a siete artículos especialmente solicitados a autores chocoanos: el entonces estudiante universitario de Derecho Ramón Lozano Garcés, quien estaba próximo a graduarse en la Universidad de Antioquia y ya descollaba en el panorama regional y nacional; el gran maestro e intelectual Lisandro Mosquera Lozano, uno de los pilares de la educación moderna en el Chocó; el abogado, intelectual, periodista y escritor Reinaldo Valencia, fundador y director del emblemático periódico ABC; el joven ingeniero civil Luis Felipe Valencia Lozano, quien diseñó el primer acueducto de Quibdó y era hermano de Reinaldo y de Jorge, este último de gestión brillante y memorable como Intendente Nacional del Chocó; Marino Abadía Valencia, dirigente liberal de Istmina; y el entonces Agrónomo nacional del Chocó, José María Torres Herrera, quien aunque no era chocoano había recorrido y conocido este territorio como parte de su trabajo. Esos doce artículos, más el Editorial que contextualizó la idea de la publicación, dieron vida al número especial de DYNA, Revista de los estudiantes de la Escuela de Minas, dedicado enteramente al Chocó, que fue publicada el 30 de septiembre de 1934 y que en ese momento era dirigida por Joaquín Vallejo Arbeláez, quien también tendría una descollante carrera intelectual y política como ingeniero, economista, profesor, ministro de Hacienda y de Gobierno, embajador, entre otras dignidades.[2]


En la primera entrega de esta serie de El Guarengue sobre tan histórica publicación, reseñamos y comentamos el Editorial y cuatro artículos. En la segunda entrega incluimos lo propio acerca de cuatro artículos más[3]. En esta tercera y última entrega de nuestra serie sobre el número monográfico de la revista DYNA dedicado al Chocó, incluimos reseña y comentarios de los cuatro artículos restantes.


Informe científico sobre la región Quibdó-Buenaventura


Los estudiantes chocoanos Ramón Mosquera Rivas y César Arriaga son coautores del artículo publicado en la revista DYNA bajo este título[4]. Dicho artículo es el más extenso de los trece que componen este número monográfico de la revista dedicado al Chocó. Al año siguiente, Mosquera Rivas lo incluirá como Apéndice de su tesis de grado como ingeniero civil y de minas: “El Istmo de San Pablo”, que 80 años después será publicada como libro por la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín[5], en su colección Bicentenario de Antioquia; en una edición que contó con la preparación editorial del arquitecto e historiador Luis Fernando González Escobar, gran estudioso del Chocó e incluyó un bello y documentado prólogo escrito por la Doctora Gilma Mosquera Torres, brillante arquitecta e investigadora, entre otros temas, del hábitat rural del Pacífico negro de Colombia.


El prólogo de Gilma Mosquera Torres fue escrito casi un siglo después de que su padre lo escribiera originalmente como informe académico sobre la excursión al Chocó de los estudiantes de ingeniería de la Escuela de Minas. Contiene un resumen del artículo Informe científico sobre la región Quibdó-Buenaventura, cuyos principales apartes son los siguientes.


“El Apéndice es uno de los apartes más interesantes del trabajo, presentando el resultado de registros e información, como anotaciones que: “…no alcanzan a tener la solidez de un completo estudio científico, dadas las circunstancias especiales en que fueron elaboradas, son la continuación del informe general de la excursión de la Escuela Nacional de Minas dentro del invaluable territorio del Chocó.” En este complemento se refiere a la geología, a partir de sus observaciones, indicando su gran desconocimiento por carencia de estudios, debido a las dificultades que representan la falta de vías y lo enmarañado de la selva.

En cuanto a la Minería, base de la vida económica del Chocó desde tiempos remotos, fundamentado en datos hace referencia a la gran riqueza del suelo, la adjudicación de títulos mineros, la explotación artesanal tradicional y los métodos rudimentarios empleados por los nativos que no poseían maquinaria, que él mismo había experimentado u observado al lado de sus padres: barequeo, mazamorreo y zambullida, en contraposición a la utilización exclusiva de dragas por la Chocó Pacífico, compañía extranjera hegemónica que llegó a poseer una parte importante del territorio y subsuelo en los principales ríos de la zona sanjuaneña.

No deja de anotar el potencial para la producción agrícola que proporcionan el clima, la variedad de pisos térmicos y de cultivos que practican los pobladores.

Destaca el punto dedicado a las concesiones mineras y deja una pista para los estudiosos interesados en su seguimiento, como aquella que fue concedida a José Cicerón Castillo para explotar con dragas los metales que se encontraban en el lecho del Río Condoto, desde sus cabeceras hasta su desembocadura en el San Juan. Con claridad nos relata el traspaso de la concesión a una compañía inglesa y luego a la Compañía Minera Chocó-Pacífico, la cual desde su establecimiento en el Condoto obtuvo grandes ganancias con la explotación del oro y el platino. Aprendemos sobre la tecnología empleada, y la sustitución de la energía producida mediante quema de leña, por una planta eléctrica.

Aquí vuelve a aflorar su descontento por los manejos de la Chocó Pacífico, porque vende combustible a las poblaciones de Istmina, Tadó y Condoto a un precio muy alto, sin tener en cuenta las ganancias que ha hecho la empresa con la explotación de los lechos de los ríos sobre los que se ubican esas poblaciones, hecho que considera injusto y odioso, igual que el trato desconsiderado a los trabajadores. Además, apoyado en apreciaciones del Dr. H. E. White en un informe rendido al Ministerio de Industrias, señala diversas irregularidades en las adjudicaciones de minas y baldíos de la Nación.

Quien se interesa en la historia de la minería en el Chocó encuentra en este capítulo datos y pistas sobre la gran riqueza del subsuelo chocoano, su adjudicación mediante concesiones a compañías extranjeras y la desmedida e incontrolada explotación de oro y platino por dichas compañías, especialmente la Chocó-Pacífico, con hechos y situaciones concretas que en 1935 no habían sido aún divulgadas. Incluso relata la precaria situación de los lavadores de metales: “…que a duras penas sacan los granos que les hacen vivir sin aspiraciones, pagando arrendamiento a la misma compañía y a unos pocos terratenientes que no invierten capital en montajes modernos, ni ceden fajas.”[6]


Las iniquidades de la Chocó Pacífico


Para Luis Alfonso Rada, dedicar al Chocó un número especial de la revista DYNA es “tributo de gratitud” y “deber patriótico”, “nada más justiciero y encomiable…ya que al Chocó se le ha considerado como una región dantesca, inabordable y, lo más lamentable, ha sido olvidada completamente por todas las administraciones, que dolorosa y fatalmente la han mirado con displicencia absoluta, sin meditar el aporte y la importancia que entraña para la economía y riqueza patria”. Así lo escribe con tono sentido en el primer párrafo de su artículo ¿Qué hace la Chocó-Pacífico en la región?[7]


Entre los trece artículos, incluyendo el Editorial, que conforman la edición monográfica dedicada al Chocó por la revista DYNA, de la Escuela de Minas de la Universidad Nacional de Colombia, publicada en Medellín en septiembre de 1934; el artículo de Luis Alfonso Rada es quizás el que está escrito con una dosis mayor de pasión, sin perder por ello rigurosidad en la presentación y manejo de los datos que incluye. Así, por ejemplo, Rada describe con tonalidades casi poéticas la situación geográfica del Chocó, su riqueza hidrográfica y la presencia en su territorio de algunos prodigios, como el Istmo de San Pablo, “donde se dan la mano los Andes colombianos con la naciente cordillera de Baudó. De aquí que entre las regiones de Colombia es el Chocó la mejor dotada por la naturaleza; además, la fertilidad de su suelo es extraordinaria por las condiciones climatéricas y meteorológicas que la capacitan para dar toda clase de frutos y cultivos”[8].


Draga de la empresa Chocó-Pacífico en el río San Juan. FOTO: Archivo fotográfico y fílmico del Chocó.

De modo previo a la explicación de las innumerables iniquidades de la empresa minera Chocó-Pacífico, el artículo pondera la riqueza minera del Chocó y se duele de que sus beneficios sean para intereses extranjeros y no para la región y la nación: “La riqueza mineral, que ha sido considerada como asunto de fábula, es una halagadora y admirable realidad, pues el estudio y la experiencia han venido a confirmarlo. Y es precisamente la experiencia la que ha puesto en indiscutible realidad la ingente riqueza mineral de la cual desgraciada y tristemente nada se saca porque íntegramente se ha entregado a la arpía norteamericana con el beneplácito de los poderes centrales. Y es ciertamente doloroso, que repugna al sentimiento patrio, ver cómo se favorece al extranjero y se encubren los nefarios abusos de la Compañía Minera que ha entronizado su poderío en el Chocó con sede en Andagoya… De aquí que un hondo y elemental deber de colombianismo ajeno a todo prurito de nacionalismo exagerado, me induce a señalar el peligro que entraña para la riqueza del país la Compañía Minera Chocó-Pacífico”[9].


El valeroso y esclarecido artículo de Luis Alfonso Rada finaliza demandando del Estado colombiano, cuyo nuevo gobierno -la Revolución en marcha, de Alfonso López Pumarejo- apenas acaba de comenzar, que atienda la gravísima situación que padecen la región chocoana y el país a causa de la compañía minera estadounidense Chocó-Pacífico. Corrupción y persecución de funcionarios públicos; dragado de áreas no incluidas en sus contratos de concesión, por encima del gobierno y de la población; triquiñuelas jurídicas para empañar y retrasar procesos en su contra; extracción ilícita e indebida de minerales en áreas del Municipio de Condoto, como la Isla de Bazán y las minas La Lozana y El Banco; millonarias y continuas exportaciones de platino sin cumplimiento de los requisitos legales de denuncia y registro; cobro de tributos mensuales en especie a los nativos por concepto de barequeo, en sus propias tierras, alegando en todos los casos derechos adquiridos; violación flagrante de la soberanía y de los derechos de la población chocoana, a la que le cobra impuestos por la construcción de sus viviendas y a la que indemniza con “sumas miserables” por el daño a sus cultivos y fincas a causa del dragado ilegal de las orillas… Son algunos de los abusos, arbitrariedades, irregularidades, delitos y contravenciones, que la Chocó Pacífico ha cometido desde principios del siglo XX en el suelo, en el subsuelo y en las aguas de la provincia del San Juan, en el Chocó, y que son denunciados abiertamente y con detalle en el artículo de Luis Alfonso Rada, incluido en la revista DYNA de septiembre de 1934.


La geología del camino Bolívar (Antioquia) – Quibdó (Chocó)


Gerardo Botero y Hernán Garcés González, dos antioqueños que estudiaron juntos la carrera de Ingeniería civil y de minas, entre 1931 y 1935, gozan de amplio reconocimiento por sus aportes a la geología regional y nacional. Su trabajo conjunto de levantamiento del mapa geológico y minero de Antioquia conduciría a que Botero, prestigioso académico de la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín, hiciera la definición del llamado Batolito Antioqueño, hacia 1941. Por su parte, Garcés fue el primer Doctor en Geología que hubo en Colombia.


Su artículo “Informe geológico del camino Bolívar-Quibdó”, escrito en coautoría y publicado por la revista DYNA de septiembre de 1934, comienza con una advertencia sobre limitaciones y alcances del mismo: “Al redactar estas notas, sólo queremos contribuir en pequeña medida al estudio geológico de la región chocoana, dejando para otros, que en mejores condiciones y con más tiempo del que dispusimos los estudiantes de la Escuela Nacional de Minas, pueden emprender la tarea de ampliarlo y complementarlo”[10]. Y con una ubicación general de esta vía, en cuyo tránsito desde Quibdó era usual que los viajeros se gastaran entre 5 y 7 días: “Atraviesa el camino Quibdó-Bolívar la Cordillera Occidental en toda su latitud, desde el río Cauca hasta el valle del Atrato; su máxima altura se encuentra en el alto del Carmen (2300 metros); cruza en casi su totalidad la selva tropical que cubre en su mayor parte el Chocó, y esto unido a la actividad de los agentes atmosféricos en la región, hacen su estudio geológico difícil para el viajero que la recorre muy someramente”[11].


Rocas Graníticas (granitos, sienitas, cuarzos pórfidos, y semejantes); Rocas Básicas (meláfidos, diabasas, etc.); Rocas Sedimentarias y Metamórficas; son los tipos de rocas que los autores identifican en el trayecto de este camino, que era la única vía terrestre del Chocó hacia Colombia en aquella época. Los entonces estudiantes Botero y Garcés explican con detalle los sitios donde identificaron la presencia de cada grupo de rocas y la mayor o menor preponderancia de cada uno de ellos. A renglón seguido explican de modo prolijo las formaciones geológicas presentes en el camino Quibdó-Bolívar, acápite que finalizan planteando que “tal vez existe una continuidad de formaciones geológicas entre el alto Andágueda y la zona que atravesamos en el camino Carmen-Quibdó”[12].


El artículo termina con agradecimientos para el director de la Excursión científica al Chocó, Robert Wokittel, y con una constatación acerca de la necesidad de profundizar en el estudio geológico de la zona, que los autores y sus compañeros, como estudiantes de cuarto año de ingeniería de la Escuela de Minas, recorrieron en sus primeros cuatros días de viaje, de los 22 días que duró su periplo académico. “Hoy, que ya está casi asegurada la construcción de carreteras que unan al Chocó con los demás departamentos vecinos, sería de enorme importancia la continuación de estos estudios que tan someramente presentamos, para dar así un conocimiento más completo de esta región que tanto promete para un futuro no muy lejano”[13].


Ilustraciones originales de la revista DYNA sobre las vías del Chocó. 1934.

Plan vial del Chocó


Benjamín Ferrer, chocoano, y Bernardo Naranjo, antioqueño, son los dos estudiantes cuyo informe de la excursión científica al Chocó, titulado Plan vial del Chocó, es publicado como artículo en la revista DYNA, de la Escuela de Minas, en septiembre de 1934, la totalidad de cuyo contenido fue dedicado al territorio chocoano. Ferrer se destacaría posteriormente, al igual que años después su paisano Félix Arenas Conto -también egresado de la Escuela de Minas-, en el desarrollo de la empresa Cementos Nare. Naranjo, por su parte, sería reconocido por su trabajo en las famosas Minas de El Zancudo, en el suroeste antioqueño, y por su trabajo en el desarrollo de la Asociación Colombiana de Mineros.


Es diciente la constatación de partida del artículo de Ferrer y Naranjo en la revista DYNA de septiembre de 1934 sobre el estado del Chocó en materia de vías: “Actualmente esta importante región está en las mismas condiciones viales que cuando la habitaron sus primeros moradores. A este respecto estamos completamente desfasados, y a no ser porque la naturaleza tuvo el capricho de dotarla de ríos navegables estaríamos sin duda alguna en la etapa de la conquista”[14]. A partir de ahí, el artículo hace un completo recorrido por los proyectos viales que en ese momento -hace casi 90 años- existían para el Chocó en materia de vías interdepartamentales y vías internas, incluyendo los caminos de herradura y la navegación de los ríos Atrato y San Juan.


La carretera Bolívar-Carmen de Atrato-Quibdó, incluyendo especificidades sobre los trayectos Bolívar-Carmen de Atrato y Carmen de Atrato-Quibdó, es vista por los autores como una alternativa a lo que denominan “el inútil rodeo del café”, que de la zona cafetera de Antioquia era transportado a Medellín, de ahí a Puerto Berrío en ferrocarril y después por el río Magdalena hasta Barranquilla. Lo que ellos llaman “la vía lógica” parte de Bolívar, en la zona cafetera antioqueña, hacia Quibdó, donde la carga tomaría el Atrato con rumbo hacia el Caribe[15].


La carretera Cartago-Nóvita-Istmina-Quibdó es reportada en el artículo como una vía de gran ventaja para el comercio: “Sin duda alguna tendrá la vía una gran significación para los centros productores del Valle y de Caldas, que encontrarán mercados abundantes para la venta de sus productos, sobre todo los de primera necesidad, porque la región que recorre es esencialmente minera y por lo tanto carente de toda agricultura”[16].


La carretera Apía-Pueblo Rico-Tadó-Istmina, cuya longitud se calcula entonces en 160 km, además de sus beneficios para las poblaciones de la provincia del San Juan por las que habría de construirse, convertiría a la región del Andágueda -que se uniría a la carretera mediante un camino de herradura- en despensa ganadera de la provincia del San Juan, según la visión de los autores.


Aunque el artículo anota que la carretera Quibdó-Istmina hace parte de la vía que empieza en Cartago y termina en Quibdó, dedica a la misma su propio acápite. Además de las descripciones de su trazado y las características de los terrenos por donde transcurriría; Ferrer y Naranjo, refiriéndose a la importancia de la misma, hacen una intuitiva anotación de carácter sociopolítico y sociocultural: “Cumple ella una misión altamente social; va a permitir que las dos provincias se conozcan, vean que las necesidades de la una son las mismas de la otra y que el bienestar de ambas es el bienestar del Chocó”[17]. La relación entre las provincias del San Juan y el Atrato se tornó, en efecto, más permanente, fluida y directa, a partir de la apertura definitiva de esta carretera y, aún más, cuando -como producto de un paro cívico regional- casi medio siglo después de construida la vía, el antiguo ferry para el transbordo de automotores de una orilla a otra del Atrato fue reemplazado por un puente.


Robert Wokittel (1° arriba a la izquierda) y algunos estudiantes en el Camino Bolívar-Quibdó, durante la Excursión Científica al Chocó, de la Escuela de Minas, junio-julio 1934. FOTO: Museo de Geociencias Universidad Nacional de Colombia, Medellín.

De este modo, ponemos punto final a la serie de tres partes destinada a relievar, reseñar y comentar las 91 páginas de cualificado contenido del número monográfico que la revista DYNA, de la Escuela de Minas, de Medellín, dedicó al Chocó en septiembre de 1934, en el número 9 de su segundo año de existencia. Es enorme el valor histórico y documental de esta publicación como retrato y panorámica de la situación de la Intendencia Nacional del Chocó en aquel contradictorio momento de la vida regional en el que convivían -en el mismo territorio- la opulencia de los gringos y otra serie de extranjeros de diversas nacionalidades, de los llamados turcos y de inmigrantes del Caribe, con la más cruda pobreza de las grandes masas de población negra e indígena de los campos y montes de la región. Una generación admirable, conformada por los primeros profesionales negros de la región y por profesionales descendientes de las familias de la élite, daría comienzo -por esta época- a un proceso de acción conjunta y unidad chocoanista, destinado a pensar la región como un proyecto sociopolítico propio y en beneficio de los desposeídos. Varios de los autores de los textos de la revista DYNA serán protagonistas de esta gesta histórica.


Tomado de El Guarengue: https://miguarengue.blogspot.com/


 

[1] En: Mosquera Rivas, Ramón (2013). El Istmo de San Pablo. Medellín, Universidad Nacional de Colombia, 141 pp. Pág. 120. La publicación completa se encuentra aquí: https://medellin.unal.edu.co/todos-los-libros/images/gratuitos/pdf/El-Istmo-de-San-Pablo.pdf


[2] El contenido completo de la revista puede consultarse en: https://revistas.unal.edu.co/index.php/dyna/issue/view/5957



[4] Ramón Mosquera R. y César Arriaga Informe científico sobre la región Quibdó ­ Buenaventura. DYNA. Revista de los estudiantes de la Escuela de Minas. Medellín. Año II. Septiembre de 1934. N° 9. Pp. 310-328.


[5] Mosquera Rivas, Ramón (2014). El Istmo de San Pablo. Medellín, Universidad Nacional de Colombia, 141 pp.


[6] Mosquera Torres, Gilma (junio de 2013). Prólogo a El Istmo de San Pablo, de Ramón Mosquera Rivas, Medellín, 2014. Universidad Nacional de Colombia. Pp. 15-17.


[7] Rada, Luis Alfonso. ¿Qué hace la Chocó-Pacífico en la región? DYNA. Revista de los estudiantes de la Escuela de Minas. Medellín. Año II. Septiembre de 1934. N° 9. Pp. 329-332. Pág. 329


[8] Ídem. Ibidem.


[9] Ídem. Ibidem. Pág. 330.


[10] Gerardo Botero, Hernán Garcés G. Informe geológico del camino Bolívar-Quibdó. DYNA. Revista de los estudiantes de la Escuela de Minas. Medellín. Año II. Septiembre de 1934. N° 9. Pp. 332-336. Pág. 332.


[11] Ídem. Ibidem.


[12] Ibidem. Pág. 335-336.


[13] Ibidem. Pág. 336.


[14] Benjamín Ferrer, Bernardo Naranjo. Plan vial del Chocó. DYNA. Revista de los estudiantes de la Escuela de Minas. Medellín. Año II. Septiembre de 1934. N° 9. Pp. 336-348. Pág. 336.


[15] El artículo incluye un croquis para graficar la idea de “El inútil rodeo del café”. Ibidem. Pág. 341.


[16] Ibidem. Pág. 343


[17] Ibidem. Pág. 344

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