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  • Foto del escritorAl Día Suroeste

Gentrificación y desplazamiento

Por Felipe Correa Correal, abogado

Columnista Felipe Correa Correal

Ha venido creciendo notablemente el descontento de muchos jericoanos por el valor que han venido tomando los cánones de arrendamiento de vivienda y de locales comerciales. Un comportamiento económico que pareciera el reflejo de la reciente inflación que vive Colombia y el mundo, pero que también surge como consecuencia de otros fenómenos como el turismo y la llegada de grandes empresas. El costo de vida en la tierra de la Madre Laura está por las nubes y se vuelve insostenible para una comunidad donde muchos dependen de menos de un salario mínimo.


El arrendamiento, como “forma en la que una persona concede el goce de un inmueble a otra, que a su vez se obliga a pagar por este goce un precio determinado”, ha venido siendo fuente de preocupación para muchas familias jericoanas que se han visto avocadas a desplazarse a zonas perimetrales del casco urbano o, en el peor de los casos, a otros municipios. Arrendar una casa o apartamento en Jericó se ha vuelto una odisea.


De esta manera, la gentrificación, como “el cambio que se produce en la población de los usuarios de un territorio tal que los nuevos usuarios son de un estado socioeconómico superior al de los previos, los cuales son desplazados de sus barrios en ese proceso”, empieza a encender alarmas en la Atenas del Suroeste porque en el pueblo día a día hay menos jericoanos y más foráneos, cada día hay menos casas y más hoteles, y cada día hay menos fincas y más parcelas.


A pesar de ello, las quejas y los comentarios se han visto en las redes y se escuchan en los cafés, pero siguen sin llegar a las autoridades pertinentes. Es en este punto donde se hace necesario apelar a que los clamores salgan de las redes y se puntualicen en quejas y demandas concretas en instituciones como la Alcaldía Municipal, La Personería o, en su defecto, el Juzgado Promiscuo Municipal. No podemos seguir padeciendo la indolencia de algunos propietarios que, aprovechándose de una necesidad, saltándose la norma e incumpliendo contratos, han encarecido el costo de vivir dignamente en Jericó a los propios jericoanos.


Cada día es más común ver como casas que toda la vida fueron habitadas por familias jericoanas, hoy se se convierten en locales comerciales o permanecen vacías durante días, y sólo se les percibe algo de vida cuando son ocupadas como hospedajes temporales. Abundan los anuncios de habitaciones, apartamentos, casas y fincas amobladas para el turismo, pero decrece la oferta de casas y apartamentos para que vivan los jericoanos. Al igual que ha sucedido en otros países, y tal como lo manifestó hace algunos años el Diario de España “La irrupción de las plataformas P2P de alojamiento turístico ha generado nuevas oportunidades especulativas para parte del parque inmobiliario español, derivándolo —en el segmento de menor superficie y más barato— hacia esta nueva forma de explotación que ha contribuido parcialmente al alza de precios de la vivienda, sobre todo de alquiler. Se han popularizado así dos nuevos palabros: turismofobia y turistización, proceso que se enlaza con la gentrificación”(sic).


Y si para el arrendamiento de vivienda se visualiza una tormenta, en el arrendamiento de locales comerciales hay un huracán. A la cantidad de impuestos que debe pagar un establecimiento formalizado, se suman nóminas, arrendamientos desbordados y contratos con cláusulas absurdas. En Jericó, en materia de arrendamientos, la especulación abusa de la necesidad y sobrepasa la técnica y la norma. “En Jericó no vive o tiene negocio el que quiere si no el que puede”.


Considerando que desde la propia Constitución Política se le invisten funciones sociales a la propiedad privada, y que con este comportamiento de usura de arrendamiento se rompen completamente a costa de las familias que no han podido acceder a vivienda propia; quizá se hace necesario, para Jericó, la generación de veedurías ciudadanas, colectivos u otros grupos que pongan los ojos sobre estos asuntos y, tal como lo sugiere la ONU, “adoptar políticas económicas redistributivas en donde los recursos generados por la gentrificación puedan emplearse para impulsar la regeneración de otros sitios de ubicación menos central que han dejado de ser utilizados para su propósito original pero pueden volver a desarrollarse”.

 

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